La perspectiva de una madre: ¡Dales arte a tus hijos!

¿Qué significa “dar” arte a tus hijos? Leyla, madre de graduados de Clonlara, encontró la respuesta en la intersección entre la experiencia vivida y la ciencia. En este artículo, explica cómo el libro Your Brain on Art: How the Arts Transform Us (“Tu cerebro y el arte: cómo nos transforman las artes”) le ayudó a darse cuenta de lo que realmente les había dado a sus hijos al fomentar el arte. 

Cuando mi hijo comenzó sexto grado, su nueva profesora de arte hizo un “examen de ingreso”. Les dio a los niños una hoja blanca y lápices de colores. Mi hijo dibujó a un leñador fuera de su cabaña, cortando leña, con montañas y cielo azul de fondo. Recibió una calificación de suspendo con el comentario “demasiado estereotipado”. Nunca entendí qué estaba evaluando la profesora (ni él tampoco). Parecía injusto, pero no dije nada porque no quería cuestionar su autoridad. Tal vez pensaba que los niños de 11 años ya deberían ser capaces de crear composiciones artísticas completamente originales. 

Durante los tres años siguientes, la clase de arte fue una carga y ese niño perdió el interés por cualquier forma de arte. 

Cuando nuestra familia comenzó la educación en casa, decidí “dar” arte a mis hijos. Siempre lo había intentado, pero era más difícil mientras estaban en la escuela. Quería hacer arte con ellos, para que aprendieran a crear y a expresarse a través de ella. Quería que aprendieran a apreciar y disfrutar las diferentes formas de belleza a su alrededor. Probamos pintura, dibujo, cerámica, música, danza, teatro, escritura de poesía… todo lo que despertara su interés. Exploramos la naturaleza y visitamos museos. 

Sin presión, el niño que odiaba la clase de arte empezó a dibujar monstruos coloridos y naves espaciales llenas de detalles. Los garabatos comenzaron a llenar sus cuadernos. Su amor por la música creció. Una de mis hijas se dedicó a la acuarela, la fotografía y la creación de joyería. La otra, a la escritura de poesía y el teatro. Me alegró ver que todos habían encontrado su forma de arte. 

Resulta que les había dado mucho más que solo arte. 

En su libro Your Brain on Art: How the Arts Transform Us, Susan Magsamen e Ivy Ross exploran cómo las artes y las experiencias estéticas afectan nuestro cerebro, cuerpo y comportamiento. Basado en estudios de investigación y entrevistas con expertos, el libro aborda temas que van desde los efectos biológicos de las artes en el cerebro humano hasta su capacidad para mejorar el bienestar y crear comunidad. 

Esto es lo que el libro me enseñó sobre por qué deberíamos dar arte a nuestros hijos: 

La arte cambia nuestro cuerpo y cerebro.

Las experiencias artísticas y estéticas pueden influir en nuestra fisiología (si nos sentimos tensos o tranquilos, nuestra capacidad de concentración y cuán abierta se vuelve nuestra mente). Los estudios han demostrado que la terapia de sonido reduce el estrés, colorear mandalas alivia la ansiedad y dibujar puede ayudar a procesar traumas. 

El arte favorece la concentración, la resolución de problemas, la confianza y la resiliencia.

Practicar arte permite a los niños tomar decisiones, resolver problemas, persistir cuando algo no funciona a la primera, explorar, asumir riesgos y aprender de los errores. Les da un espacio seguro para practicar la atención y la perseverancia. La participación en las artes también puede fortalecer habilidades sociales, como la empatía, la autoconciencia y una mejor resolución de conflictos. 

Crear está en el centro del aprendizaje.

Parte del aprendizaje es explícito: buscamos conocimiento de forma intencional. Otra parte es implícita: ocurre cuando vivimos experiencias que nos transforman. La novedad, el humor, la curiosidad, la motivación y el entorno fortalecen el aprendizaje. Las artes reúnen de forma natural todos estos elementos. Invitan al descubrimiento. Dejan espacio para el juego. Crean experiencias significativas; y las experiencias significativas se convierten en aprendizajes duraderos. 

El arte ayuda a los ninõs a aprender de una forma que realmente perdura.

Los niños aprenden mejor en entornos ricos, variados y vivos. Las experiencias sensoriales (lo que podemos ver, tocar, oír y notar) nos ayudan a absorber información más rápido y recordarla por más tiempo. El arte desacelera el ritmo lo suficiente para que los niños observen, prueben, ajusten y comprendan. Cuando las escuelas incluyen las artes de manera significativa, los resultados académicos mejoran. Y, aún más importante, aumenta el interés de los estudiantes por aprender. 

No es necesario ser “bueno” en arte para beneficiarse.

Incluso pequeñas acciones como garabatear, colorear o dibujar libremente pueden activar la parte del cerebro que ayuda con la concentración y la construcción de significado. El valor está en el proceso, no en crear algo impresionante. 

Todas las formas de arte cuentan.

El arte incluye crear (dibujar, pintar, esculpir, hacer manualidades, música, cantar, bailar, teatro, poesía) pero también apreciar: escuchar música, ver una película, visitar un museo, leer poesía, notar el diseño o simplemente observar la naturaleza. Esto significa que podemos construir una vida artística a través de lo que incorporamos, lo que observamos y lo que disfrutamos. 

Podemos cultivar una “mentalidad estética”.

Las autoras describen la mentalidad estética como una forma de moverse por el mundo manteniendo viva la curiosidad. Las personas que desarrollan esta mentalidad tienden a prestar atención a lo que perciben sus sentidos, disfrutar de la exploración abierta y CREAR. 

La naturaleza es el entorno enriquecido por excelencia.

Un paseo al aire libre puede ser una lección de arte sin que nadie lo llame así: los patrones en las hojas, los colores de un atardecer, las sombras en una pared, el ritmo de las olas. Cuando notamos la belleza junto a nuestros hijos, estamos entrenando la atención y el asombro al mismo tiempo. 

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Así que mi recomendación es simple: dale arte a tus hijos. Pon materiales a su alcance. Crea algo junto a ellos. Observad la belleza juntos. Permite que el arte sea lo suficientemente amplio como para incluir música, movimiento, historias, manualidades, garabatos y naturaleza. Mantenlo sin presión y abierto. Porque cuando el arte es un regalo, es mucho más probable que los niños descubran lo que aman, expresen quiénes son y lleven esa curiosidad consigo a lo largo de toda su vida, convirtiéndose en aprendices para siempre. 

Sobre las autoras de Your Brain on Art: How the Arts Transform Us: Susan Magsamen es fundadora y directora ejecutiva del International Arts + Mind Lab (IAM Lab), Centro de Neuroestética Aplicada de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins. Ivy Ross es directora de diseño de dispositivos de consumo en Google. ¡Lee el libro para descubrir más sobre los poderosos beneficios del arte! 

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