Síndrome del Pensamiento Acelerado en niños y adolescentes

Vivimos en una época en la que todo ocurre rápido: la información, las tareas, los estímulos, las pantallas, las exigencias… Y aunque los adultos lo notamos, son los niños y adolescentes quienes más lo sienten, porque su mente aún está en pleno desarrollo.

El psiquiatra y escritor Augusto Cury describe este fenómeno como Síndrome del Pensamiento Acelerado (SPA): un estado en el que la mente procesa tanta información, tan rápido y tan constantemente, que termina agotándose.

No es un diagnóstico clínico, sino un concepto educativo-emocional, muy útil para comprender el malestar que muchos jóvenes experimentan hoy.

¿QUÉ ES EL SÍNDROME DEL PENSAMIENTO ACELERADO?

Según Cury, el SPA aparece cuando la mente pierde la capacidad de pausar, descansar y seleccionar lo que realmente importa. Es como tener demasiadas ventanas abiertas en la computadora: aunque ninguna esté rota, la máquina se vuelve lenta, se recalienta y deja de responder bien.

En palabras simples: es una sobrecarga mental que genera cansancio emocional, dificultades de concentración y sensación de estar siempre “encendidos”.

¿CÓMO AFECTA A NIÑOS Y ADOLESCENTES?

Los jóvenes de hoy crecen entre pantallas, tareas, redes, expectativas y agendas llenas. Es normal que sientan presión, pero cuando esa presión se vuelve constante y la mente no descansa, aparecen señales como:

1. Dificultad para concentrarse

Saltan de una cosa a otra, les cuesta terminar tareas y se frustran fácilmente.

2. Irritabilidad o cambios de humor

Estar mentalmente saturados los vuelve más sensibles, impacientes o reactivos.

3. Ansiedad o pensamientos repetitivos

La mente acelerada piensa demasiado, con poca claridad y pocas pausas.

4. Problemas de sueño

Cuesta dormir o descansar profundamente porque la cabeza “no se apaga”.

5. Baja tolerancia a la frustración

Viven con sensación de urgencia o perfeccionismo, y los errores pesan más.

6. Pérdida de disfrute

Actividades que antes encantaban ahora resultan pesadas o “meh”.

¿POR QUÉ OCURRE CADA VEZ MÁS?

Algunas causas habituales:

  • Exceso de pantallas y estímulos
  • Rutinas llenas y poco tiempo de descanso
  • Altas expectativas académicas o sociales
  • Falta de momentos de silencio o desconexión
  • Dormir poco o de forma irregular
  • Exposición constante a información (noticias, redes, videos, juegos)

La buena noticia es que las familias pueden hacer MUCHO para prevenirlo y acompañar a sus hijos a calmar su mente.

CÓMO PREVENIR Y COMBATIR EL PENSAMIENTO ACELERADO

A continuación, estrategias basadas en las ideas de Augusto Cury, pero adaptadas de forma práctica para madres y padres:

1. Enseñar a pausar la mente

Los niños necesitan aprender que la mente también descansa. Algunas ideas:

  • Respiraciones lentas antes de dormir o durante el día
  • Pequeños momentos de silencio (1 minuto es suficiente al inicio)
  • Juegos tranquilos sin pantallas
  • Conversaciones sin prisas

Pequeñas pausas crean un gran impacto.

2. Reducir los estímulos innecesarios

No se trata de eliminar pantallas, sino de usarlas con equilibrio:

  • Evitar multitarea (deberes + música + móvil = saturación)
  • Crear horarios digitales claros
  • Permitir ratos de aburrimiento, que son saludables para la creatividad

3. Modelar calma emocional

Los niños aprenden más de lo que ven que de lo que les decimos.

Cuando los adultos bajamos el ritmo:

  • hablamos más despacio,
  • escuchamos con atención,
  • resolvemos con paciencia,

Ellos sienten que pueden hacer lo mismo.

4. Favorecer una rutina predecible y amable

Una mente que sabe qué esperar se siente más segura.

  • Horarios estables para dormir
  • Tiempo real para jugar o descansar
  • Evitar agendas demasiado cargadas

La calma también se construye.

5. Escuchar de verdad

A veces los niños piensan rápido porque sienten demasiado.

Escuchar sin juzgar y con presencia plena reduce la ansiedad.

Preguntas que ayudan:

  • “¿Qué te preocupa?”
  • “¿Qué necesitas hoy?”
  • “¿Quieres que te ayude o solo que te escuche?”

6. Promover actividades que ralenticen la mente

  • Dibujar
  • Leer por placer
  • Cocinar juntos
  • Pasear al aire libre
  • Juegos de mesa tranquilos
  • Manualidades

Son actividades que “desaceleran” sin forzar.

7. Cuidar el sueño como un tesoro

Un cerebro cansado piensa más rápido y peor.

Rutinas sencillas para dormir: poca luz, nada de pantallas 60 minutos antes, lectura suave, respiraciones lentas.

En resumen: acompañar, no acelerar

El Síndrome del Pensamiento Acelerado es una invitación para mirar la vida familiar con más calma. No se trata de controlar cada detalle, sino de:

  • bajar el ritmo,
  • disfrutar lo simple,
  • escuchar con atención,
  • dejar espacios sin prisas,
  • y recordar que la mente de un niño necesita descanso tanto como juego.

Cuando una familia se convierte en un refugio de calma, los niños aprenden a construir en su interior un espacio de paz al que podrán volver toda la vida.

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